18/10/2014 : V Aniversario Beatificación

Toledo ha celebrado como cada año el aniversario de la beatificación del cardenal Sancha. En esta ocasión la celebración eucarística ha sido presidida por el vicepostulador de la Causa de canonización del beato, el sacerdote diocesano don Carlos Miguel García Nieto, con quien han concelebrado don Francisco José Rodríguez González, párroco de Las Ventas de Retamosa, el padre José María Ruiz, prior del monasterio benedictino de Montserrat en Madrid, don Francisco Javier Salazar Sanchís, fiscal general del Arzobispado de Toledo y don Pedro Francisco Rodríguez Ramos, director espiritual del Seminario Menor de Toledo, junto a un grupo de seminaristas del Seminario Menor "Santo Tomás de Villanueva" que asistieron al Altar.

Acudieron sus fieles devotos, procedentes tanto de Toledo como de otras ciudades españolas, destacando la presencia de familiares del beato procedentes de Quintana del Pidio, su pueblo natal. También contamos con la presencia de una representación de algunas comunidades religiosas vinculadas al beato como las Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha, las Damas Catequistas y las Siervas de María; las hermanas de la comunidad trapense se unieron espiritualmente a la celebración como en ocasiones anteriores, y fueron recordadas especialmente en este año en que celebran el centenario de su traslado desde su monasterio fundacional de Tiñosillos (Ávila) al actual en Alloz (Navarra).


Toledo, 18 de octubre de 2014 - 11:00 - Capilla de San Pedro (Catedral de Toledo)
Don Carlos Miguel comenzó la homilía reconociendo que “todos conformamos una gran familia en torno a sus reliquias, en torno al Beato cuya protección tanto sentimos y de ella nos beneficiamos”.  

Continuó diciendo que "el cardenal Sancha ha sido considerado como el gran cardenal de la España contemporánea" y confesó el agradecimiento que sentimos hacia el Señor "por suscitar hombres de esta categoría en su Iglesia, para su bien y el de todo el mundo". Interpeló a los presentes sobre el motivo de la relación de cada uno con él, la razón por la que acudimos aquí y cuál es la esencia de su persona. Afirmó que nos reunimos "para celebrar la santidad: es un santo, todo en su vida queda marcado por la santidad", como ilustra el detalle de la dedicatoria que escribe en una foto suya para las Damas Catequistas: “Les recomienda miren al Cielo. Su padre, el cardenal Sancha”. Reconoció que en esa frase "está condensada su vida y todo su actuar, porque todo en él brotaba de un corazón que no dejaba de mirar al Cielo".

Desarrolló a continuación los aspectos más característicos de su vida y espiritualidad, que deben ser a la vez la esencia e identidad de todo católico:

"Amor a la Eucaristía. La Eucaristía es el sacramento del Amor que se humilla para lavar los pies de los más humildes, eso es lo que hizo el beato durante toda su vida, y lo que le movió a organizar tantos eventos en los que se distinguió siempre por ser pionero, aunque siempre en la sombra, porque el amor no es amigo de aparecer ni de aparentar, da vida desde lo oculto. Así son los manantiales, que ocultos dan el agua para vivificar los campos y las gentes. Como Jesucristo presente en el altar y oculto en el tabernáculo, la del beato Ciriaco María Sancha fue una vida de amor entregada totalmente, que le conduce al nacimiento definitivo para la Vida eterna, dando la vida por los que más la necesitan.

Amor a la Virgen. Por eso el Dulce Nombre de María va cosustancialmente unido a su nombre -Ciriaco María- con un apasionado y tierno amor a la Madre, a la que siempre llevaba en sus labios y de la que siempre dejaba el consuelo materno en el cuarto del más desfavorecido: cuando entregaba una limosna, un objeto, una ropa, cuando empeñaba su propio pectoral o anillo, ahí estaba el nombre de María dulcificando todo; vida, dulzura y esperanza nuestra, María. 

Amor apasionado a la Iglesia. Es un hombre polivalente, el Señor le dotó de grandes cualidades naturales pero si en algo se destacó fue por su enorme sencillez y por su amor apasionado a la Iglesia católica, con una cabeza visible en este mundo que es Pedro, el Papa, y por lo que fue considerado como el hombre del Papa en España. Esa fidelidad a Pedro le costó grandes sufrimientos y humillaciones que llevó en silencio y con alegría, primero en el Cisma de Cuba y después en lo que podría haber sido otro Cisma en España por una desavenencia entre la Primada y la sede de Sevilla. En todo momento su guía segura fue el Santo Padre, aquél que debía ser punto de unidad para toda la Iglesia.
 
Estas tres notas son las que deben calar en nosotros, porque son las que distinguen a todo católico, y él las llevó a su vida con extrema sencillez.  En Dios la perfección es la suma sencillez y en nuestro queridísimo beato su perfección fue la sencillez, fue un hombre entrañable, si él es portador de algo es de una santidad deseable, admirable e imitable. La santidad que nos ha propuesto el cardenal Sancha es una santidad para todos: para niños, adultos, ancianos; para toda raza, profesión, estado de vida... santidad sencilla y entrañable, no bobalicona. 

El testimonio de los médicos que lo atienden en sus últimos momentos es conmovedor, padecía un trastorno gástrico, intestinal y hepático que en estos enfermos conlleva un estado de ánimo entristecido, que les impide sonreír al llevar una molestia casi de manera permanente. Lo que a estos médicos les llamaba la atención era la alegría de este hombre, que en todo momento estuviese sonriendo y que siempre tuviese una palabra de alivio, de dulzura, una chanza para alegrar el corazón del interlocutor, teniendo en cuenta ese padecimiento que por dentro lo afligía, además del reuma que venía arrastrando desde aquellos tiempos siendo obispo de Ávila, cuando cavaba zanjas y edificaba con adobe húmedo -en invierno- el monasterio de Tiñosillos que estaba fundando. 

"Una santidad que se hornea a fuego de amor, sin afán por ser visto: un amor que oculto da vida; esa es la vida y el ejemplo de nuestro Beato, al que nos acercamos llamándole padre. A los sacerdotes también nos gusta llamarlo así, porque es un ejemplo sacerdotal para nosotros".

"Vamos a pedir, por su intercesión, que el Señor nos haga volver a lo esencial, a la sencillez: que nos vayamos despojando de tantas capas superpuestas que van empañando en nosotros esa imagen que Él imprimió cuando nos creó,  que es la imagen de su Hijo. Cuando alguien miraba al Cardenal podía entrever el rostro de Jesús, ojalá que cuando alguien nos mire pueda ver también en nosotros el rostro de Jesús, tan parecido al rostro de su madre María"

Al concluir la celebración eucarística, dedicó unos minutos a hacer balance del estado actual del proceso de canonización, informando sobre la presentación recientemente de una curación para su estudio en la Congregación de la Causa de los Santos: "estamos muy esperanzados de que un día sea reconocida como milagrosa, lo cual nos acercaría a su pronta canonización".

También informó sobre la edición de nuevas estampas y trípticos informativos en seis idiomas para llegar a la mayor cantidad de personas posible, de tal manera que muchos puedan beneficiarse de la intercesión del Beato, porque  "el corazón del cardenal Sancha era muy universal, como se demuestra en los distintos acontecimientos de su vida".

Finalmente aprovechó la ocasión para hacerse eco de la presentación el día anterior de una iniciativa diocesana de Cáritas muy hermosa como es la creación de un nuevo centro de recogida y reparto de ropa y a la vez futuro economato, al que han querido poner el nombre de “Centro beato Cardenal Sancha”. Este acontecimiento es especialmente significativo, ya que el beato quiso hacerse todo a todos con ardiente celo de caridad, como Cáritas, amando a la persona con el mismo amor de Dios, que es el amor de caridad, el amor cristiano.

Concluyó exhortando a todos a "que este sea el lema de nuestra vida y la invitación a ser santos, ya que con esta santidad admirable e imitable no tenemos excusa para no tender con todas nuestras fuerzas a esa santidad que día a día el Señor nos brinda". 


18 octubre 2014 : V Aniversario Beatificación


El próximo SÁBADO 18 DE OCTUBRE a las 11:00 de la mañana

en el V ANIVERSARIO de su BEATIFICACIÓN

 se celebrará la SANTA MISA de acción de gracias
  en la CAPILLA DE SAN PEDRO de la Catedral de Toledo, 
donde se encuentran sus reliquias.

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(Publicado en el Semanario Diocesano del Arzobispado de Toledo "Padre Nuestro" nº1329 de 12/10/2014)

"Valentinae Sedis Insigne Decus"

El pasado domingo 28 de septiembre se despedía de la diócesis de Valencia quien ha ocupado en estos últimos años la sede que en su día pastoreó el beato Ciriaco María Sancha.


D. Carlos Osoro dejando su cruz pectoral ante la Mare de Déu (28/9/2014)
Mons. Osoro subió al camarín de la Virgen para venerar la imagen, permaneció orando unos instantes y, al final, besó la mano de la Mare de Déu dejando la cruz pectoral a sus pies. A continuación dejó una dedicatoria en el Libro de Oro: 

El día 18 de abril del año 2009, venía por vez primera a visitar a la Santísima Virgen María en la advocación entrañable de Mare de Déu dels Desamparats. Fue un día inolvidable, puse mi vida en sus manos y le pedí de todo corazón que me diese su mano en el ministerio episcopal que comenzaba como arzobispo de Valencia. Confieso que he sentido su ayuda en todos los momentos. Esta Basílica, que como a mí me ha gustado llamarla era Casa de la nostra Mare y la casa de todos los valencianos, ha sido lugar de encuentro real con quienes el Señor puso a mi cuidado como pastor. Gracias, Mare de Déu, has sido amparo, guía, protectora, creadora de tantos proyectos que suscitabas en mi corazón. Te pido que me sigas ayudando; ahora volveré como peregrino y como hijo necesitado de Mare tan bona. Gracias por haberme acogido siempre y por haber percibido junto a ti, que tu Hijo Jesucristo me había enviado a esta tierra valenciana a ser padre y pastor, a cuidar de todos y conocer a todos; tu casa, es decir, esta Basílica, ha sido un lugar de conocimiento de todos tus hijos donde he podido regalar la Palabra de tu Hijo, su amor misericordioso, su perdón y alimentar a todos con ese alimento que nutre y hace a todos tener las medidas de tu Hijo, que es la Eucaristía. Gracias, Mare de Déu dels Desamparats, sigue dándome la ayuda ahora en la Archidiócesis de Madrid. No olvidaré nunca el nombre con que se dirigen a ti en Valencia. Ahora en Madrid, te llamaré de la Almudena. 

Con gran afecto y mi bendición para todos los valencianos de quienes he querido ser Padre y Pastor. 



Posteriormente, el sábado 4 de octubre ha tomado posesión de la sede valenciana un hijo de esta tierra, que recorrerá también en su ministerio episcopal los pasos del beato Sancha, aunque en sentido opuesto, ya que pasará de haber ocupado durante los últimos años la sede primada toledana a pastorear la diócesis valenciana. 


D. Antonio Cañizares dejando su cruz pectoral a la Mare de Déu (4/10/2014
El cardenal Cañizares ha querido también repetir el gesto tradicional que tantos pastores han venido repitiendo en su toma de posesión al visitar la basílica de la Mare de Déu para encomendarle el inicio de su nuevo ministerio pastoral. Ha subido al camarín de la Virgen de los Desamparados para besar la mano de la patrona de Valencia y entregarle, dejándola a sus pies, la cruz pectoral que llevaba el 24 de marzo de 2006, día en el que fue creado cardenal en el primer consistorio convocado por el papa Benedicto XVI. 

Tras la ofrenda ha dejado su firma en el Libro de Oro de la Basílica, que posteriormente ha leído a los presentes: 

Santa María, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre nuestra, que nos fuiste dada por madre junto a la Cruz de tu Hijo, Jesús, en el mayor de los desamparos, siempre Virgen, Madre de los Desamparados, ayúdanos, acompáñanos, ampara de una manera especial a esta porción del pueblo de Dios, nuestro sólo y único Señor, que está en Valencia y que se me ha confiado por puro don de la gracia y la misericordia divina, que tú, queridísima Madre, has proclamado y cantado como nadie; vengo ante ti, y vendré siempre para confiarme a ti y a mi entrañable diócesis. Ayúdame a servir al Señor, y que como Él y como Tú, Madre querida, cuide, atienda, sirva a los desamparados, a los pobres, débiles y necesitados de amor y misericordia. Quiero ser en medio de mi pueblo siervo, esclavo del Señor, siendo siervo y esclavo tuyo, la fiel esclava del Señor, para con tu ayuda ser siervo de todos, que es lo que le agrada a Dios, con predilección por los pobres; ayúdame a que, como Santo Tomás de Villanueva, sea obispo, padre, pastor y hermano de los pobres, de los últimos; consigue de tu Hijo amado, Jesús, la sabiduría de la Cruz para anunciar y entregar el Evangelio de la alegría, el del amor sin límites de Dios que nos ama hasta el extremo. En sus manos, de Madre, me pongo. En ti confío, Madre María.

+ Antonio, Cardenal Cañizares. 


Anteriormente se había celebrado en la catedral de Valencia la Eucaristía de toma de posesión en cuya homilía ha tenido palabras para el beato Sancha, recordando su trabajo pastoral en la diócesis como impulsor del culto eucarístico e invocando su intercesión:

Hagamos de Valencia una diócesis verdaderamente eucarística como la quería San Juan de Ribera, el Beato Ciriaco María Sancha, el venerable Siervo de Dios, D. José María García Lahiguera, porque, además, así lo exige el gran regalo de la inestimable reliquia del Santo Cáliz de la Última Cena. Así será una Iglesia de los pobres y para los pobres, henchida de caridad y misericordia para con los más necesitados, verdaderamente evangelizadora, testigo y artífice de una nueva civilización del amor, de la paz y de la esperanza. 

Como María, Madre de Cristo, “Mare de Déu dels Desamparats”, cantemos siempre, y especialmente hoy en esta Eucaristía nuestro "Magníficat" por la infinita misericordia que Dios ha desplegado sobre nosotros, y, al mismo tiempo, pidamos su auxilio, para que Él, para quien nada le es imposible, nos ayude a mantener siempre vivo el don que Él ha puesto en nosotros. Acudimos también a la poderosa intercesión de los santos y santas valencianas, que son tantos, entre otros: San Vicente Mártir, San Vicente Ferrer, el Beato Agnesio, el Siervo de Dios Padre Jofré, Santo Tomás de Villanueva, San Francisco de Borja, San Juan de Ribera, San Pascual Bailón, el Beato Francisco Gálvez, el Beato Ciriaco María Sancha, los Santos Mártires de la persecución religiosa del pasado siglo, Santa Teresa de Jesús Jornet, Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, el Siervo de Dios Marcelino Olaechea, el Venerable José María García Lahiguera. Que ellos me ayuden y nos ayuden a todos en este servicio pastoral que se me ha encomendado, en el que aseguro a todos mi amor y mi entrega. 

Esta tradición lleva repitiéndose cada vez que un pastor ocupa la sede valenciana, y cada ocasión no está exenta de anécdotas curiosas, como reflejan los periódicos de cada época:

Mons. García Lahiguera estampó su firma en el Libro de Oro de la Patrona con una dedicatoria que concentraba todo lo que vive un arzobispo en su toma de posesión: "Con este beso de amor que he estampado en tu mano quedo consagrado a ti de por vida y para toda la eternidad". 

La tradición de regalar el pectoral a la Virgen persiste con el paso del tiempo. Según relatan las crónicas, fue muy emotivo el detalle de Victoriano Guisasola, quien obsequió a la Patrona con su anillo "una amatista de grandes dimensiones" y un pectoral "de oro y brillantes". También este gesto fue realizado por el beato Ciriaco María Sancha, como se publicó en la entrada sobre su biografía titulada  "Arzobispo de Valencia (1892-1898)"

Destruyendo sus huellas...


La imagen que presentamos a continuación es desola­dora, corresponde al estado actual de la casa del cardenal Sancha en su pueblo natal, Quintana del Pidio (Burgos). Según las últimas noticias de que disponemos, el próximo martes 3 de junio de 2014 será demolida parcialmente.

La situación es de una gran consternación e impotencia por parte de los que valoramos una edificación como esta de tanto valor para la historia de este pueblo, testimonio de un legado patrimonial que corresponde a una personalidad tan relevante como el beato cardenal Ciriaco María Sancha y Hervás. Se le añade el agravante de ser un hito de identidad para los lugareños, que le hace ser especialmente valorado por la comunidad y hubiese necesitado un mantenimiento para evitar su desaparición.

La falta de conservación, la inhabitabilidad y el total abandono de su mantenimiento son circunstancias que han llevado a la destrucción de uno de los edificios más emblemáticos para Quintana del Pidio, "la casa del cardenal Sancha", y con ello a la pérdida irreparable de un legado cultural singular.
 
A finales de la década de los setenta del pasado siglo publicaba Chueca Goitia un libro que lleva por título La destrucción del legado urbanístico español; el autor clamaba en sus páginas contra la “hecatombe del urbanismo actual”, y así tituló su primer capítulo. En él llamaba a los españoles a conservar lo que les es propio, su patrimonio cultural, y a no dejárselo arrebatar por la especulación, la codicia o la moda.


Fachada principal de la casa familiar
C/Cardenal Sancha, 14 (Quintana del Pidio)
Escalera interior de la casa
(detalle del estado actual)
























Tras contactar con las distintas administraciones implicadas (Junta de Castilla y León, Diputación Provincial de Burgos y Ayuntamiento de Quintana del Pidio) nos comunicaban que la decisión de intervención sobre el inmueble se debe a una actuación forzosa ante el riesgo que supone para los viandantes y viviendas colindantes el posible derrumbamiento inminente de la edificación, ya que presenta un estado de gran peligro desde hace bastantes años y tanto los muros como la cubierta se están desprendiendo poco a poco, por lo que caen cascotes y es imprescindible por imperativo legal actuar sin dilación.

Durante estos años las distintas administraciones han intentado por la vía administrativa contactar con los herederos de la propiedad (propietarios y únicos responsables del inmueble) para buscar una solución e intentar distintas alternativas para su conservación y restauración. Al no ponerse de acuerdo las partes afectadas y no encontrarse una solución al problema, el tiempo ha jugado en contra y nos ha dejado como resultado final este suceso.

Un edificio que hubie­se podido muy bien ser rentabilizado para funciones culturales, como punto de referencia para los devotos del Beato que sin duda visitarán las huellas de su vida a través de los lugares de la geografía española que están especialmente repletos de ellas -tal vez el más importante sea su pueblo, sus gentes, sus costumbres, la tierra que le vio nacer- y cuya memoria parece poco a poco borrarse con el tiempo… 

Por parte de la administración local se nos ha asegurado la tristeza que supone para el pueblo la destrucción constante de este edificio, sobre el que no han podido actuar antes al no tener competencias legales hasta la fecha. No obstante, se ha solicitado encarecidamente a la administración la supervisión y conservación de la mayor parte posible de elementos decorativos y estructurales del edificio para una posible reutilización si se encontrasen -en un futuro esperemos próximo- vías de subvención o ayudas económicas para ejecutar un proyecto de rehabilitación del mismo. 

Pedimos al Beato que nos ayude a llevar a cabo todo con la mayor fraternidad posible, poniendo cada uno de nosotros lo que esté a su alcance para ayudar en lo que sea necesario a fin de conseguir entre todos que pronto pueda ser un lugar recuperado y de referencia para todos sus devotos y paisanos.

Restaurador del primado...

Con motivo de las VII Jornadas Toledanas de Pensamiento Católico -organizadas por el Instituto Superior de Estudios Teológicos San Ildefonso de Toledo y que llevaron por título Los primados. Santos y reformadores-, se celebró el pasado 11 de marzo en el Salón de Actos Beato Cardenal Sancha del Seminario Mayor de Toledo la conferencia Beato Cardenal Sancha, la restauración del primado. Fue impartida por el Dr. D. Carlos Miguel García Nieto, sacerdote vicepostulador de la Causa del Beato y catedrático de Historia de la Iglesia en el ISET San Ildefonso de Toledo.

El ponente estuvo acompañado por el Vicario Episcopal para la Cultura, don César García Magán, el director del ISET San Ildefonso, don Francisco María Fernández Jiménez, don Miguel Ángel Dionisio Vivas, profesor del ISET San Ildefonso y don Cleofé Sánchez Montealegre, profesor emérito del ISET San Ildefonso.

Todas las sesiones de las Jornadas comenzaron con el rezo de la oración aprobada con motivo de la beatificación para pedir gracias por intercesión del cardenal Sancha. Tras concluir la oración, don Cleofé comenzó el acto con una presentación del conferenciante al numeroso auditorio asistente, realizando un recorrido por su trayectoria personal, académica y ministerial. Incidió sobre aspectos relevantes para comprender su línea de trabajo actual, como sus estudios de Geografía e Historia en la Universidad Autónoma de Madrid donde fue alumno -entre otros grandes historiadores- de don Luis Suárez Fernández, de quien sin duda recibió no solo conocimientos históricos sino ante todo un modelo metodológico que posteriormente se plasmará en su praxis docente e investigadora actual.

Conferencia en el Salón de Actos del Seminario Mayor de Toledo, 11 de marzo de 2014
Tras la presentación, el ponente realizó un recorrido histórico por la historia de España y su vinculación con la historia de la Iglesia española, haciendo hincapié en aquellos aspectos más directamente relacionados -tanto a priori como contemporáneamente- con los acontecimientos históricos acaecidos en torno a 1898 (fecha en que Sancha es designado Primado de España) y sucesivos años de su pontificado en la sede primada.

A continuación ofrecemos un extracto de su disertación :

España se había perdido y era preciso recuperarla. Así se expresaba un anónimo monje mozárabe que completaba las Crónicas de san Isidoro mediado el siglo VIII. [...] Todo ese esplendor, que alcanza su culmen con Carlos V y su hijo Felipe, se desbarata fulminantemente en el ocaso del siglo XIX. España, tal y como sucediera mil años atrás, volvía a “perderse”. España dudaba de sí; tras un cuarto de siglo de prácticas caciquiles, el régimen mostraba claros síntomas de cansancio, de hartazgo... [...] Era el desastre, el desastre del 98, consumado en el Tratado de París el 10 de diciembre de ese año “maldito”. La Iglesia, por su parte, adolecía de una larga crisis de la que costaba mucho recuperarse: un siglo de exclaustraciones y desamortizaciones, había dejado un balance de miseria material, intelectual, moral y espiritual en su clero y religiosos; y, por extensión, en el pueblo fiel. Para colmo, en el último cuarto de siglo sufrió una división que afectó tanto al episcopado, como a los clérigos –seculares y regulares– y a los seglares. Por todas partes, en la sociedad civil, intelectual y eclesiástica, surgían voces que instaban a la regeneración.


La ponencia concluyó con una síntesis muy completa en la que a través del estudio de algunos aspectos clave en la biografía del Beato el ponente afirmó que el cardenal Sancha "con su vida restauró el Primado" :

Permítanme unas consideraciones sobre lo que el Cardenal representó para la regeneración que tanto se anhelaba en aquel momento y que también hoy puede ayudarnos en la vida social, política, cultural y eclesial. En el cardenal Sancha se conjugan, en una síntesis feliz, cuatro dimensiones: su catolicidad y adhesión fiel a la Sede de Pedro; un corazón sacerdotal, de pastor, identificado plenamente con la Eucaristía –de ahí derivaba precisamente su entrega a los pobres, materiales y en el espíritu–; su amor a España; y, por último, su apertura al exterior. 
 
De la primera, su catolicidad y adhesión al Vicario de Cristo, tenemos testimonios elocuentes que comienzan desde su cautiverio en Cuba como víctima del cisma. Sabía que en Pedro se salvaba la comunión eclesial, y no le importó perder en lo personal con tal de que esta comunión con el obispo de Roma no mermara un ápice. Una pasión por la libertad de la Iglesia le llevó a defender con valentía los derechos más elementales que un laicismo sectario se negaba reconocer. El cardenal fue considerado como el hombre del Papa en España. 
 
Del segundo, su corazón de pastor plenamente identificado con la Eucaristía, aparte de la organización del primer Congreso Eucarístico Nacional en Valencia y otras iniciativas para incentivar el culto a Jesús Sacramentado, bien podemos decir que su vida fue una plasmación del ideal eucarístico de despojo personal en favor de los demás: el ideal de la última Cena, cuando Jesús lava los pies de los discípulos: «Habéis visto lo que he hecho con vosotros... Haced también vosotros lo mismo». Este ideal de servicio no partía en él de un natural sentido de solidaridad o de humana compasión; nacía precisamente de la esencia cristiana que marca su origen, centro y meta: la presencia real de Jesucristo vivo en la Eucaristía, que nos impele a entregarnos como Él, hasta el extremo. Se le reconoció como padre de los pobres porque en su corazón latía un amor profundo a la Eucaristía y al sacerdocio, que universalizaba su paternidad para con todos. 
 
Buen conocedor de la historia de fe de nuestra nación, amó profundamente a España y la representó con enorme dignidad allá por donde pasó. Trabajó por que la joven dinastía, a la muerte de Alfonso XII, no fuera objeto de ataques extremos que se intentaron contra una viuda joven y embarazada. España no podía permitirse más derramamientos de sangre en una nueva contienda civil. Su actitud de apoyo incondicional al gobierno y a la Corona en la guerra colonial alentó a muchos para aunar esfuerzos en un momento de emergencia nacional como fue el 98. He mencionado muy de pasada el surgimiento de los nacionalismos en el último tercio del siglo XIX. Suponían un golpe muy serio justo en un momento en el que la Patria se veía arrastrada al desastre, a su pérdida. Don Ciriaco María era muy consciente de que su posición de Primado no sólo representaba un carisma de servicio a la unidad de la Iglesia, sino también al valor moral que suponía la unidad nacional. Conocía muy bien lo que representaba Toledo y su historia en la defensa de este valor esencial de convivencia. Y no dudó en mediar y tender puentes en un brote de nacionalismo que surgió en la Barcelona de principios de siglo, y en el que se vio involucrado el obispo de aquella diócesis y más de un miembro de su clero. El episodio lo he tratado con detalle en El cardenal Sancha y la unidad de los católicos españoles. Fueron unos meses críticos en los que el Primado tuvo que viajar a Roma entrevistarse con León XIII para encontrar la solución más acorde sin herir sentimientos, pero dejando siempre a salvo el valor de la unidad como pilar irrenunciable. 
 
Amó profundamente a España y lo que ésta representaba en su historia y estaba llamada a dar en el presente y en el futuro. A fuer de católico fue un gran patriota, porque el patriotismo hace referencia no a derechas o izquierdas, sino a la virtud de la piedad, que dimana del cuarto mandamiento: la Patria es el lugar de los padres, el ámbito de las esencias. Pero, lejos de aislarse en una actitud excluyente o arrogante, abraza a otros miembros de diferentes naciones para complementarse y enriquecerse con lo mejor de sus valores patrios. Eso representó el cardenal Sancha. El Gobierno de la nación, en labios de su ministro de Gracia y Justicia, lo definió como «inolvidable ornamento de la Iglesia y de la Patria». Y seguía el marqués de Figueroa: «De aquella manera callada y modesta, que era la propia de su espíritu, el Cardenal Sancha supo en difíciles circunstancias prestar grandes servicios a la Patria y a la Iglesia; lo saben cuantos han seguido las tristes vicisitudes de nuestra Historia». 
 
Y, por último, su apertura al exterior, ejercida en varios viajes por Europa, donde iba observando la evolución del catolicismo del momento y del movimiento social, a fin de plasmar en España todo aquello que pudiera ser aplicado. Cuántos sacerdotes y cuántas economías escuálidas debieron su subsistencia a los contactos que el cardenal hizo en el exterior. Si aquel anónimo monje mozárabe del siglo VIII veía en los “europenses” –es decir, en Europa– la esperanza para “recuperar” aquella España perdida –¿se acuerdan?–, el cardenal Sancha fue el hombre que, merced a sus múltiples viajes por el viejo continente, pudo introducir a la Iglesia española en la modernidad, sin renunciar a las mejores esencias del sólido acerbo teológico y espiritual hispánico. Hemos visto la admiración que atrajo hacia lo español en el Congreso de Londres. Dentro del episcopado hispano fue el hombre mejor conocido y admirado en el exterior, y la ventana por la que la Iglesia española se asomaba fuera de sus fronteras. En una época de crisis de identidad, en la que unos clamaban por españolizar Europa y otros por europeizar España, él supo aunar tradición y modernidad en una síntesis católica perfecta. Desde muy joven vivió la espiritualidad de san Benito, padre de Europa, la cual proyectó en sus fundaciones, especialmente en las Hermanas de Cuba y en la primera Trapa femenina de España. Esa espiritualidad benedictina fue enriqueciéndose con los místicos españoles y otros maestros hispánicos de espiritualidad. El cardenal Sancha fue profundamente español, abiertamente europeo y católicamente universal. De ahí que estemos ante el hombre que, desde el catolicismo, ofreció la respuesta regeneracionista y equilibrada que aquellos tiempos exigían; lo hizo con su vida y con sus escritos. 
 
Toledo ha dado a España grandes primados. En el siglo XV se habla del Gran Cardenal para designar a Mendoza; otros también lo fueron: Gil de Albornoz, Jiménez de Rada, Cisneros, Lorenzana... En nuestro tiempo bien podemos considerar al bienaventurado Sancha como el Gran Cardenal de la España Contemporánea. Posiblemente no ha habido un obispo tan internacional y cosmopolita dentro del episcopado español en los últimos siglos de nuestra Historia. 
 
Aquel hombre, que era grande por tantos motivos, dotado por naturaleza de singulares cualidades, sin embargo su figura queda aún más engrandecida por algo en lo que sus contemporáneos coincidieron: su ardiente celo de caridad. Una corporación tan dispar en sus miembros como el Cabildo primado, reconocía por unanimidad el epitafio que, grabado en bronce, perviviría hasta nuestros días en su lápida sepulcral: «Hecho todo a todos con ardiente celo de caridad. Vivió pobre, murió paupérrimo». 
 
Santidad y reforma fueron de la mano en su persona, de manera que los frutos de su vida santa y su actuación pastoral afloraron de manera eminente cuando la persecución religiosa de los años 30 provocó testimonios heroicos de santidad martirial. Esa Iglesia era hija espiritual de cuanto había sembrado el beato y regado con no pocos sinsabores. 
 
Estamos en condiciones de afirmar que con su vida restauró el Primado. Pero no una primacía de poder y honores vanos, sino la que Jesús pedía a sus discípulos en el Evangelio: «Quien sea el primero hágase el último y el servidor de todos». Sólo desde esta percepción de ocupar el último lugar pudo restaurar una institución que nació como carisma al servicio de la unidad, de la comunión del Episcopado entre sí y de éste con Pedro, el obispo de Roma. Sin duda todos lo reconocieron como el hombre del papa en España. Pero también como el servidor de sus hermanos obispos, obrando como impulsor de grandes iniciativas y cediendo el honor de las presidencias a otros; hombre de gran sentido práctico, evitaba protagonismos para ganar adeptos a la causa de la unidad, que era lo que realmente importaba. 
 
Ojalá que el estudio de estos hombres eminentes sirva para dar luz a la figura del Primado como un instrumento posible, una propuesta realizable en la Iglesia de nuestro tiempo, desde una perspectiva de servicio prudente y constructivo a la unidad, a la comunión dentro del episcopado y de éste con Roma.