Damas Catequistas







Dolores Rodríguez Sopeña





PRESENCIA DEL CARDENAL SANCHA EN EL
INSTITUTO CATEQUISTA DOLORES SOPEÑA. 

Las lecturas de las vidas del Cardenal Sancha y de Dolores Rodríguez Sopeña dejan resonando la misma pregunta de los discípulos de Emaús cuando Jesús partió el Pan lo bendijo y se lo entregó: “¿No ardía nuestro corazón cuando por el camino nos explicaba las Escrituras?” También a nosotros nos arde el corazón después de la lectura de las vidas de éstos dos santos y ver la acción de Dios en ellos. Se palpa cómo sus vidas son una historia de “Seducción”. Con el Profeta pudieron decir “Me has seducido Señor y me he dejado seducir. Me has agarrado y me has podido”.

Mutuamente se ayudaron a descubrir el Proyecto que Dios tenía sobre ellos, aceptando y respondiendo al Carisma que el Espíritu Santo en aquella situación histórica concreta les regalaba para ponerlo al servicio de la Iglesia y así llenar un vacío muy grande que la sociedad tenía.

La Misión a la que Dios les destinaba la tuvieron bien clara : La Evangelización. El Mensaje a transmitir : el Kerigma. Los Destinatarios: los pobres, los alejados, “los que no aman a Dios porque no le conocen”, los que carecen de recursos.

El Cardenal Sancha y Dolores Sopeña se adelantaron a los tiempos y empezaron a vivir “La Nueva Evangelización” que años más tarde lanzaría Juan Pablo II : “Nueva en su ardor, en su expresión y en su forma”.

Dios que tan sabiamente dirige la Historia de la Salvación, valiéndose de mediaciones humanas facilitó que se encontraran en la travesía del desierto de esta vida en Cuba, allí llegó Dolores Sopeña donde su padre por motivos del cargo tuvo que permanecer unos años.

El Cardenal Sancha y Dolores Sopeña eran como dos almas gemelas que miraban en la misma dirección y apuntaban a la misma meta : EXTENDER EL REINO.

Con una gran generosidad responden a la invitación del Maestro que les miró a los ojos y dejaron en la arena la barca para ser pescadores de hombres.

En el seguimiento a Cristo llegaron a "configurarse" de tal manera con Él que sus vidas fueron una Presencia del rostro bondadoso y misericordioso del Padre.

Al leer la vida de los dos se descubre la coincidencia de llamadas y respuestas, hasta algunas de las anécdotas que narran en sus vidas son similares.

La presencia del Cardenal en la vida de Dolores fue muy significativa, la de un gran “Protector que facilitó el plan de Dios sobre ella y la acompañó en la Gran Misión que Dios la confiaba”.

Junto al Cardenal, Dolores va gestando un estilo de vida Consagrada apostólica, contemplativa en la acción : “Con un alma de cielo, corazón de fuego y voluntad de hierro” como ella quería que fueran sus hijas, para las que deseaba que su “convento fuera el mundo entero y su celda el Corazón de Jesús”.

CUBA : Lugar de su primer encuentro.

En su Autobiografía, Dolores explica su llegada a Cuba :

“Nuestras primeras impresiones fueron fatales. Estaban pasando una época dificilísima, estallando hacía poco un Cisma religioso con motivo de haber nombrado el Gobierno Arzobispo de allí a un tal Llorente, y sin aprobación de la Santa Sede se fue a tomar posesión, no dándosela el Sr. Provisor Orberá, Gobernador eclesiástico junto con el Penitenciario Sancha. Por adoptar esta posición fueron los dos encarcelados, durando la prisión más de nueve meses. Por ésta razón, la Audiencia estaba dividida : unos Magistrados a favor del gobierno y otros fieles a la Santa Sede.

La situación iba empeorando de día en día. De Roma llegó una excomunión para todos los que reconociesen como Arzobispo a Llorente. La cosa se agravó y empezaron a expulsar a todos los sacerdotes que permanecieron fieles a la Santa Sede quedándose sólo para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa y demás ministerios los sacerdotes cismáticos.

A medida que pasaba el tiempo los disgustos del cisma aumentaban. Mi pobre padre sufría horrores. Seguían presos el Sr. Orberá y el Penitenciario Sancha. Éstos tenían largas conferencias con mi padre, para lo cual pedían permisos extraordinarios y por lo tanto decían los adictos a Llorente, (el Arzobispo cismático) que tendría mucho que sentir mi padre con su conducta.

Un día mi padre me llamó a su despacho y me dijo: “A ti voy a consultar hija mía, cómo debo obrar, pues en muchos de los escritos que presento en la Audiencia en las diferentes causas que han formado contra Orberá y Sancha haciendo estricta justicia, como es contrario a la manera de proceder del gobierno, firmo el pan de mis hijos; y el día que me dejen cesante, no tengo para sostener mi familia”.

Yo le contesté: Antes que empleado del gobierno es usted católico, apostólico, romano, y tiene que obrar en todo como tal. Y si preciso fuese pedir limosna, lo haríamos llenas de alegría, hasta con orgullo, por la tranquilidad de su conciencia. Me estrechó entre sus brazos y me dijo: "¡Bendita seas hija mía. Qué fortaleza me da esto!. Las mismas palabras me dijo tu madre : pero he querido preguntaros separadamente para oír vuestra opinión”.

A los pocos días expulsaron a varios magistrados y a mi padre le vino la cesantía en absoluto pues las noticias que habían tenido de España eran : que era el más perjudicial porque tenía por obligación de su cargo que presentar los escritos y éstos decían estaban admirablemente hechos y por consiguiente el que más estorbaba en aquellos momentos.

Pero la Providencia que siempre vela por todos los que viven arrojados en sus brazos veló por mi padre; y a los quince días vino la reposición de su destino debido a un señor de influencia.

Duró ésta situación hasta que un cambio de Ministerio inesperado se entendió con la Santa Sede y mandaron retirar al cismático Llorente que se fue a España pidiendo perdón al Santo Padre”.

Sancha se relacionaba con la familia Sopeña. Cuando la madre de Dolores cayó enferma y la calentura le obligó a hacer cama, el segundo día de su calentura llamó a Dolores y le dijo :

"Manda recado al P. Sancha -que era su confesor- y que venga a confesarme. Le avisé y se sorprendió : la confesó y como no viese gravedad dijo que al otro día le subiría el Señor y se marchó tan tranquilo. Al oscurecer se agravó el aviso y la llegada del Señor Penitenciario Sancha con el Señor fue ya como Viático.

Con la muerte de mi madre, mi padre quedó completamente aplanado y sumido en el más profundo dolor y esto sin duda le hizo pensar en retirarse y nos establecimos en Madrid.”

La vida de Dolores transcurrió en una continua búsqueda de la voluntad de Dios, muchas dificultades tuvo que pasar, sintiendo unas veces la presencia y otras la ausencia del Señor, al fin en unos Ejercicios Espirituales Ignacianos ella misma dice que “salió dispuesta a buscar las primeras compañeras y el lugar donde había de nacer la Obra. Le comunicó al Padre López Soldado S.J. su determinación y él le dijo “Esta es tu vocación”. Le pidió consejo sobre dónde le parecía naciese la Obra puesto que tenía varias ofertas, una por el Arzobispo de Sevilla le ofrecía su protección y que naciese allí. Otra en Málaga donde ya tenía establecidos varios centros. Y el Señor Cardenal Sancha me tenía dicho que eligiese iglesia o ermita en las afueras o dentro de la población y que él nos edificaría por su cuenta las habitaciones que desease según el número que yo contase habían de ser las primeras.

El P. López Soldado me contestó:

“Mi opinión sin dudarlo es que elija al Señor Cardenal Sancha. La conoce desde Cuba, conoce la Obra, en sus manos y por él se ha formado la Asociación en Madrid y como la quiere tanto a usted lo tomará todo con gran interés. Además, considero a éste con más tupé que ninguno para que en éste tiempo, gobernando Canalejas, se ponga al frente de un Instituto que nace; así que vaya decidida a pedirle protección que con ésta siempre cuenta”.

TOLEDO :

“En efecto, me fui a Toledo y entre las tres Iglesias y sitios que me dio a elegir, me decidí por el más pintoresco, que era el Cerro de la Virgen de Gracia.

Hicimos nuestra entrada en nuestra pintoresca casa de Toledo. El recibimiento que nos hizo el Sr. Cardenal Sancha fue el de un amantísimo Padre a sus hijas.

El 29 de Octubre tomamos el Crucifijo las ocho primeras. Nos lo impuso el Sr. Cardenal. Éste y nosotras gozamos lo indecible, nos dijo una plática muy espiritual sobre la grandeza de la misión que el mismo Dios nos confiaba.

El Sr. Cardenal viendo que íbamos aumentando decidió hacernos una obra más seria y formal ampliando mucho más la casa. En todo demostraba el grandísimo interés que tenía por nosotras, hasta el extremo, fijándose hasta en el más pequeño detalle.”

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Al leer la autobiografía continuamente se percibe que desde la Fundación, en esos primeros tiempos de una manera especial el Señor Cardenal estuvo muy presente acompañando y ayudando a la Comunidad tanto en lo espiritual como en lo material. Continuamente les daba conferencias, meditaciones, dirección espiritual...

Al finalizar esta corta e incompleta reseña, en la que hemos recordado algunos rasgos de estas dos personas elegidas por Dios para Anunciar la Buena Noticia, los sentimientos que brotan de mi corazón son de AGRADECIMIENTO A DIOS PORQUE “Ha estado grande con nosotras y por eso estamos alegres”.

Gracias, Señor, por regalar a tu Iglesia éstos dos santos que no tardaremos en tenerlos canonizados.

Desde toda la eternidad tenías previsto que nuevamente volvieran a encontrarse en ésta etapa, en la que por medio de la Iglesia nos los presentas como Modelos y Paradigmas a nuestro mundo tan necesitado de Modelos de referencia.

Te pedimos por medio de su intercesión pongas en los jóvenes las inquietudes y entrega que pusiste en el Cardenal Sancha y en Dolores R. Sopeña para que siguiendo su ejemplo sean capaces de vender todo cuanto poseen para así poder adquirir la única perla que merece la pena ¡QUE ERES TÚ SEÑOR!

Mari de Miguel. (Catequista Sopeña)